Las casetas del populoso mercado Mutualista en Santa Cruz comenzaron a quemarse la noche de ayer domingo, justamente al día siguiente de que los gremialistas anunciaron que no acatarán el anunciado paro de 48 horas decidido por la Gobernación y el Comité Cívico cruceños, a la cabeza de otras instituciones totalmente controladas por la derecha, como la Universidad Gabriel René Moreno. Aunque se desconocen las causas que originaron este desastre, llamó enormemente la atención que los pocos hidrantes de la zona no tenían agua, por lo que el fuego que inició en algunos puestos pudo extenderse rápidamente. Vanos fueron los esfuerzos de los comerciantes, que trataron de recuperar la mercadería que tenían en sus kioscos, arriesgando sus vidas. Con la llegada de los bomberos y colaboración de los mismos comerciantes se combatió el siniestro; luego, cuando arribó al lugar Luis Fernando Camacho, fue recibido con mucha hostilidad porque varios comerciantes abiertamente lo acusaron de estar detrás...
Por: Jorge Mansilla Torres
A los juglares nos toca contar historias reales con palabras remendadas y versos artificiales. Tengo un nudo en la garganta siempre que nombro el destino de las riquezas mineras en el norte potosino. Haré un relato salobre de la matanza que ha sido contra la gente más pobre sobre el suelo enriquecido.
Lugar: ayllu Chayantaka. Fecha: día 22, diciembre 96. Testigos: la tarde y Dios. Historia sucia del oro, sepamos antecedentes por el honor de la sangre de veinte indios inocentes. Dos familias de croatas que usurparon yacimientos a los pueblos lugareños con prepotencia y con cuentos revendieron ese bien, negociantes saltimbanquis, a la Canadian Da Cappo y Vista Gold de los yanquis. Charanguito bien punteado andá a avisar que aquí cerca en Capasirca y Amaya la gente se ha puesto terca.
Un SOS míster presidente Goni Sánchez de Lozada, y Cárdenas, señor vice de la patria rematada: envíen tropas, recuerden: somos polvo de sus lodos. Ni laymes ni jucumanis acatan el Plan de Todos. Con urgencia una ordenanza fue enviada al general que se puso firme y dijo: ¡Es su orden, mi capital! Se desplegaron soldados de La Paz, de Potosí, de Oruro, como a una guerra. No me contaron, lo vi.
Antes de la Nochebuena, reyes magos del azoro quemaron incienso y mirra en el pesebre del oro. Detrás de Uncía y Chayanta, como si fuera una rampa, la soldadesca tendió la muerte como una trampa. A los que escupieron fuego ni se les movió la cara, en Capasirca mataron como si a nadie importara.
La muerte bailó su tinku como en el 65, como en San Juan, en Tolata… igual y un poco distinto. Los rángeres y los jach’us para matar son expertos; mi hermano Hugo me avisa que ya son 18 muertos. Si quieren más referencias del sangriento sucedido por la Radio Pío XII la historia no se ha perdido. Charango k´alampeadito, airampo de color fino: vivir es morirse al tiro en el norte potosino.
Esa historia la escribí hace 20 años atrás; luego vinieron las bravas guerras del agua y del gas. Rebelión de Amayapampa, la primera en sus cabales contra la venta privada de recursos naturales. Nada dirá el Comité Cívico Potosinista, ahogado en la oposición desmemoriada y autista.
Los culpables siguen vivos. Eran movis, adenistas, y sus cómplices impunes, caray, hoy son analistas. Hay que verlos en los medios, dolidos por el proceso de cambio, se victimizan mostrando el alma hasta el hueso. Se lucen opositores los miristas y emebelos, burdos neoliberales que hacían tragar anzuelos. Ya quisieran que se olvide, de golpe o de sobresalto, las masacres de Senkata, Villa Ingenio o la de El Alto. Hablan de la corrupción con exceso de exabruptos, pese a que van a prisión los traidores y corruptos. Quisieran ver muerto al Evo para aplomar sus desplantes, asaltando las reservas como acostumbraban antes. Inventan un nuevo credo y arrodillan su esperanza en el altar suspensivo de San Trump de la Venganza.
Charanguito en temple diablo, por hablar de Amayapampa nos llovió todo el camino, porque el olvido no escampa. Tengamos siempre presente lo que nos dijo Fidel: Ojo al charque con Caín, que sigue matando a Abel.
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